POV PAULA
- ¡No seas gorrón pecoso! - grité cuando vi como me quitaba del plato el último trozo de lasagna que quedaba.
- Te jodes. Por llamarme pecoso.
Se lo tragó entero, sin masticar ni nada y sonrió.
- Como niños pequeños... - miré a Doug y a mi amiga. Ambos negaban con la cabeza y se miraban de vez en cuando.
- Aquí hay rollo - me susurró Danny.
- Ya te digo pecoso.
- ¡No me llames pecoso!
- Te jodes - intenté imitar su voz - Por haberme quitado el trozo de lasagna.
- Ahhhh - levantó las manos - Eso te pasa por ser tan lenta.
- Pecoso imbécil.
- Como me vuelvas a llamar pecoso te enteras.
- Uhhh, ten cuidado Pau que lo dice enserio - me advirtió Doug y me levanté divertida.
- Pecoso, pecoso, pecoso, pecoso, pecoso y... ¡Pecoso!
- Aquí hay rollo - me susurró Danny.
- Ya te digo pecoso.
- ¡No me llames pecoso!
- Te jodes - intenté imitar su voz - Por haberme quitado el trozo de lasagna.
- Ahhhh - levantó las manos - Eso te pasa por ser tan lenta.
- Pecoso imbécil.
- Como me vuelvas a llamar pecoso te enteras.
- Uhhh, ten cuidado Pau que lo dice enserio - me advirtió Doug y me levanté divertida.
- Pecoso, pecoso, pecoso, pecoso, pecoso y... ¡Pecoso!
Danny se levantó y salió corriendo detrás mía.
No me conocía la casa, pero por el salón, la cocina, y las escaleras, había podido pasar en 2 minutos más de 20 veces mientras escapaba de Danny.
No me conocía la casa, pero por el salón, la cocina, y las escaleras, había podido pasar en 2 minutos más de 20 veces mientras escapaba de Danny.
- ¿Dónde estáaaaaaaas? – preguntaba mientras me seguía buscando. Asomé la cabeza por la puerta del baño y vi que se dirigía hacia aquí, salí corriendo y subí por las escaleras.
- ¡Te he visto! – oí unas pisadas rápidas por las escaleras.
- Mierdas y ahora dónde me meto yo.
Entré en la primera habitación que vi y casi me caigo, justo en la puerta había una guitarra, miré a los lados para buscar un sitio donde esconderme. El armario, claro. Me hice un hueco entre la ropa y no me moví. Entró en la habitación, lo supe porque de repente se oyó un estruendo y un quejido, no oí nada durante 30 segundos así que salí a ver que había pasado. No pude, me empecé a reír a carcajada limpia, era verle tirado en el suelo, bocabajo, con la guitarra debajo de sus piernas y no podía más.
- ¿Estás bien?
- Sí – se fue a levantar y se cayó otra vez - ¡Ay!
- ¿Qué pasa?
- Que no puedo doblar la rodilla... ¿me ayudas? – me acerqué a él y le ayudé a levantarse. Fuimos hacia la cama y dejé que se sentase.
- ¿Mejor?
- Sí, gracias – intentó doblar la rodilla un par de veces, ponía cara de dolor – Bueno ya estoy mejor.
- Entonces me voy abajo, ¿necesitas algo?
POV DANNY
Sí, a ti, pero no te voy a decir eso. Me mandarías a la mierda.
- Sí, bueno, ¿por qué no te quedas aquí conmigo?
- Eh, claro, porque no. – dijo sorprendida. Se sentó en la cama a mi lado y empezamos a hablar de cosas sin importancia.
- ¿Entonces tienes una hermana?
- Sí, se llama Anna.
- ¿Y está buena?
- ¡JONES! – me dio un puñetazo en el brazo. – ¡Es mi hermana!
- ¿Y?
- Tiene 16 años.
- ¿Eso es problema? – me volvió a pegar. - ¡Ay!
- Bueno a mi hermana tranquila ¿entendido?
- Sí, señora.
- Te preguntaría algo sobre tu vida, pero creo que me la sé más o menos.
- ¿En serio? A ver cuéntame – le dije retándola.
- Naciste el 12 de marzo de 1986 en Bolton, tu nombre completo es Daniel Alan David Jones, tu madre se llama Kathy, tienes una hermana mayor que se llama Vicky. Y no sé, que más quieres saber sobre ti – me dijo riéndose.
- Ya veo que te conoces muy bien mi vida... – le dije bastante sorprendido.
Después de eso hubo un silencio bastante incómodo en el que no sabía que decirle, así que me acerqué a mi único modo de comunicación. Me estiré un poco y llegué a la guitarra que se había quedado cerca de la cama después de la caída, la cogí y empecé a tocar.
POV PAULA
Se movió y cogió la guitarra. No puede ser. E involuntariamente sucedió, las lágrimas empezaban a correr por mis mejillas y no podía hacer nada para evitarlo. Esa canción me hacía llorar y recordar demasiadas cosas. La de veces que me la había puesto en el iPod a reproducir una vez y otra después de todo lo que pasó con Taylor, el gilipollas de mi exnovio.
Tocaba ‘Not alone’, cuando me miró a la cara paró de golpe y me miró preocupado.
- No pares, por favor – le supliqué entre hipidos. Siguió tocando y esta vez no apartó los ojos de mi cara.
- But I’m not alone... – terminó la canción y se quitó la guitarra de encima.
- Eh, pequeña, no llores, ¿por qué lloras? – me dijo quitándome las lágrimas con las yemas de sus dedos.
- Eh, eh, nada – le dije entre sollozos.
- No estés mal. Joder, ya lo he jodido todo.
- ¿Qué has jodido? – pregunté como pude.
- Nada, es que... bueno, no es nada.
- No, dime.
Me seguía quitando las lágrimas de la cara, lo hacía con tanto cuidado que parecía que tocara a una muñeca de porcelana. Cerré los ojos para intentar retener las lágrimas que no sé porque seguían saliendo. Los abrí y me lo encontré a unos escasos centímetros de mi cara, poco a poco nos fuimos acercando y acortamos esos centímetros que quedaban y noté su aliento en mi boca. Sus labios se posaron en los míos y le correspondí, fue un beso, simple pero dulce y tierno. Nos separamos y me miró sonriendo.